domingo, 8 de junio de 2014

felipe vi el cuestionable


“Voy a estar ahí porque se lo debéis a papá”.
Esta podría ser la frase inicial del discurso de la coronación del nuevo rey.

El título es Felipe VI. El apodo se lo pondrá la historia, y con ello la historia nos contará qué tal le fue. Alguno fue El Deseado (el deseo y la realidad, lo sabe no sólo Cernuda, son dos cosas a menudo diferentes). Hubo varios El Bravo, varios El Fuerte, algún El Impotente (las crónicas se cortan mucho menos que los llamados medios de comunicación), de vez en vez el Sabio o el Gordo, y nunca sabremos si esos apelativos responden con justicia a quienes los ostentaron o sufrieron.
Lo de Felipe VI el Cuestionable viene dado por la fase que marca el inicio de su reinado. No es nada personal. Ni siquiera negocios. Perplejidad, como mucho.
A saber si será el Protector o el Cantamañanas. Cuestionable porque está tan cuestionado que tienen que saltarse la ley para intentar hacernos creer que la ley ha de mantenerse. Porque lo meten a presión cuando una buena parte del pueblo se pregunta por qué elegir a una presentadora de informativos de Urdaci como esposa es baremo suficiente como para subirse a un trono. En fin, el corazón, una cosa llamada tradición que ya no se creen ni las casas regionales, y alguna tontuna más, mandan.
Dentro de las tontunas, la conveniencia, claro. De los que apelan a esa cosa que no tiene nada que ver con la monarquía en el fondo, pero sí con el inmovilismo, y que se llama continuidad.
Mejor no meneallo, piensan. Ni esto, ni nada. Que como se empiecen a destapar contenedores, empezará a verse que no todo estaba preparado para reciclar como nos habían dicho.

Vuelvo a reciclar: “Voy a estar ahí porque se lo debéis a papá”.

Dicen que papá, ese que no tiene apodo aún (¿Juan Carlos I, el Cazador; Juan Carlos I, el Oportuno; Juan Carlos I, el Superrico, el Superchachi, el Notecallas?), TRAJO LA DEMOCRACIA.
Se dice que le debemos algo.
Se dice que lloró el día que traicionó a Franco y que todos hemos de llorar por sus pecados.
Se dice que traicionó a su padre y le sucedió en una humillante ceremonia privada, casi clandestina, mientras le quitaba el plato de lentejas, y que hemos de comprender su dolor.
Se dice que cargó con una griega, por nosotros, mientras miraba por encima de sus altos hombros a otras hembras a las que sólo podía regalar futuros resueltos.

Pobre rey. Shakespeare sabía que los reyes no duermen mejor que sus súbditos. Pero, eso sí, los reyes shakespearianos, aunque muchos muy mal, gobernaban. Estos no, estos sólo mandan, se pavonean, se pasean, enarbolan la bandera olímpica o se muestran campechanos. Y, no lo olvidemos, Shakespeare se lo pasaba de miedo en su escritorio o lo que fuera cargándose a sus reyes, esos que subieron de un modo u otro en el oficio de trepar.

Dicen que Papi trajo la democracia. Vamos a ver si miramos una enciclopedia, perdón, no, no pido tanto, un diccionario, una consulta en internet, etimología, y veremos que si un rey trae la democracia no es un rey, porque la monarquía significa el gobierno de uno, y si se lo da al pueblo habría de irse. ¿Por qué no se fue el Rey si nos “dio” la democracia?
La democracia nunca puede darla un rey, porque va contra su esencia. La democracia se la da un pueblo, que es el que acaba gobernando. Cuando yo era casi un niño y no había democracia, nadie miraba al rey: los súbditos futuros llevaban años preocupándose por cambiar las cosas, a veces esa preocupación les llevaba a ser torturados, detenidos, represaliados, excluidos... La memoria, ¡ay!, la memoria no se remitiría sólo, si fuera honrada, a la guerra civil. Yo, que lo vi (la guerra civil, no; lo otro) me acuerdo.
Y tener monarca ahora, y monarca nuevo con padre aforado y pasado superlimpio, como se le regaló durante toda una vida de quéséyo, no es ya que me indigne, es que me da su poquico de vergüenza. Tener rey me da vergüenza, sí, lo confieso. Me parece una de esas cosas que habría que ocultar al mundo, aunque notes que el mundo lo sabe y te mira con cierta sorna por tener esta absurda capacidad de tragar todo.

¿Algo más? Sí: La Monarquía, los partidos tradicionales o traidores que la apoyan, todos esos, son tontos por no convocar un referéndum. ¿Es que no saben que vivimos de un modo tan absurdo que, si se planteara tal consulta, el régimen monárquico saldría consolidado por el apoyo de un consenso ciudadano (del que me avergonzaría tanto o más como del hecho en sí de tener reyes o reinas)? Algo que la perpetuaría. Seguramente, sí. ¡Qué bochorno!


viernes, 30 de mayo de 2014

los otros



Los biempensantes (no los que piensan bien, sino los que se engloban en esa fea definición que desearían que les cuadrara) han empezado a escuchar ruidos en el ático, o en los sótanos, depende de las orejas de cada.
¿Son fantasmas? ¿Son seres que sólo existían en su imaginación y cobran vida ahora? ¿De dónde sale la energía que les pone en pie?

El pasado domingo 25 de mayo empezaron a oírse extraños ruidos en los recovecos temidos del feo caserón. Resulta que existía alguien más, alguien que daba pasos a destiempo a la hora del desayuno, en los momentos civilizados, en las salas donde no deberían estar.
Fantasmas respaldados por cientos de miles, casi millones, de fantasmas.
Gente que aun siendo de izquierdas se unía, otros que sí que podían por proponerse pensar en un podemos, republicanos catalanes o frikis de cualquier poblucho... como unos walking deads surgían por doquier, convocados, para más inri, por incontables personas, por porcentajes insólitos, por una oscura voluntad de hacerles vivir y hablar.

Los que se reían de sus pretensiones les han cobrado tanto temor que ahora pronuncian conjuros para descalificarlos o ridiculizar a esos votantes que ya no les volverán a votar nunca a ellos, los escandalizados, los de antes, los traidores, los que decepcionaron, los que tiraron lo que podrían haber convertido en fértil cuando tuvieron la oportunidad.
Nubes de columnistas montados en la escoba del word teclean a toda prisa para negar una realidad innegable, incluso en periódicos tan poco sospechosos de oscurantismo como Público, o más sospechosos, mucho más, como El Paisoe, los críticos se erizan a la vez que niegan erizarse, pero emplean calificativos que apenas se atrevieron a emplear contra los verdaderos ladrones que gobiernan por decreto, pese a que ahora se sepa que esos que emplean métodos propios de un despotismo sin ilustrar cuentan sólo con el veinticinco por ciento del cuarenta y tanto por ciento de los votantes. Una risa democrática que no aguanta la definición de mayoría absoluta ni en pintura.
Los poderes, perturbados, convocan a sus magos milenarios. El hombre que destrozó un proyecto, ese hombre astuto y lleno de carisma que se llama González, está a un dedo de emplear la palabra Rojos (menos que un dedo: una falange). Los demás se echan las manos a la cabeza, comparan a los progresistas con los emergentes neonazis (¡¡Dios, hasta dónde han llegado las políticas neoliberales para que hayan podido convocar a esos auténticos espectros de nuevo!!), trasplantan España a Venezuela, comparan pancartas con bombas o ven colmillos sangrientos donde sólo hay sonrisas (todo lo descontentas que se quiera) esperanzadas.

Amiguitos, esto no es contar a la baja los asistentes a una manifestación. Aquí, hasta nueva orden (que desearían muchos dar) los votos se cuentan y suman, no se calculan por metro cuadrado o por ladrillo del Paseo del Prado. Aquí lo tenéis menos fácil. Porque después de contar tenéis que concederles por ley la racanez que les otorga ese sistema nada proporcional de asignar escaños en beneficio de los que ya cada vez cuentan menos.

Los Otros están por ahí. Es una evidencia. Ahora tendremos que decidir (aunque ya se sabe) quienes son los que realmente están Muertos.




                              

domingo, 23 de marzo de 2014

si no es noticia, no existe


Ese cuarto poder que sigue siendo la prensa, o a día de hoy los medios de comunicación en cualquier formato, siempre se han sabido capaces, no ya de exaltar o desmochar, sino incluso de dar el ser o quitárselo a cualquier acontecimiento, cualquier colectivo o cualquier persona.
Estar “en el candelero” es ya una forma de reconocimiento. Incluso haciendo el ridículo, la actual alcaldesa de Madrid logró en un día más fama mundial por su esperpéntico discursito olímpico que por cualquiera de los continuos desmanes o ineficacias que los medios no juzgaron, o no quisieron juzgar, relevantes. Así, una persona que ostenta cargo tan importante pasó a primera plana como tonta, que lo es, más que como insensible fascista, que lo es también, y más. Y un tonto siempre da más pena que un canalla.
Es sólo un ejemplo, claro está. Supongo que te vienen a la cabeza muchos otros.

Hoy muchos medios han borrado centenares de miles de personas. Esas que tuvieron el valor de no dejarse ganar por el desánimo de protestar sin ser escuchados, como viene siendo habitual, y ya no sólo por la derecha recalcitrante.
Con la goma del hablar por no callar, o de no ofender a sus jefes o quién sabe a qué oscuros poderes, han hecho desaparecer de las calles a casi todos, y lo que es peor, a cada uno de esos manifestantes. Menos mal que sólo virtualmente.
Únicamente los medios extranjeros, tal vez con menor riesgo de implicación en las consecuencias, han dado cifras que parecen acercarse en algunos casos a una verdad más que multitudinaria.

De las razones y el esfuerzo de los marchantes (de la marcha, en este caso) poco se dice.
Se habla, eso sí, y con una virulencia en los medios derechistas que roza no ya el libelo sino el ridículo, de la violencia. De los manifestantes. Del despliegue irracional de antidisturbios y de provocadores no se dice nada, claro. La violencia de Estado no es violencia, y pobre del medio que lo insinúe. Venga la ley que vaya a venir.

Quien no viva en Madrid debe imaginarla en llamas, reducida a escombros, una especie de visión de Berlín al finalizar la Segunda Guerra.
Precioso.

miércoles, 12 de febrero de 2014

cachondeíto y cachondeo


No, no es el nombre de dos payasos, como podría parecer. Aunque lo que voy a contar al respecto tiene más relación con la astracanada de lo que nos gustaría, o al menos de lo que me gustaría a mí.

Para aclararlo, diré que estaba viendo –especifico, para quien quiera confrontar datos, que lo hacía en la web de ElPaís- (“lo hacía en la web de ElPais” es una expresión que no me acaba de tranquilizar, pero responde a la verdad, valor escaso hoy en día... en fin), pues ahí mismo veía el espectáculo de esa votación secreta en urna con respecto a la conveniencia o no de retirar la propuesta antidignidad femenina (ya se puede proponer teniendo mayoría absoluta) del amado Gallardón.
Ahí estaba la fila nodisciplinada de congresistas subiendo con un papelito hacia la cima de la pequeña escalinata conducente a la urna, utensilio de connotaciones democráticas por excelencia, aunque a veces sirva también para guardar cenizas de aquello que probablemente amamos un día -como la idea de democracia por ejemplo-, pero que ahora está muerto.
La fila (digresión, digresión...) tenía una inquietante característica: sus miembros no correspondían en absoluto con los nombres que cantaba la Mesa, ni en cantidad ni en identidad, lo sé por los escasos nombres de representantes nuestros que conocemos. (Otra digresión es que me hubiera fascinado que hubiera cantado la Mesa, pero era un señor con flato y cara de político). Vamos, que la cosa iba ya rara, pero todos se reían y bromeaban como si fueran a la feria en vez de a una votación.

La votación hubiera sido un peñazo insoportable para algunos si hubiera tenido lugar en el Parlamento Sueco, pongo por caso (y es un suponer, que tampoco es que lo frecuente mucho), pero esto es España, señores y señoras, y aparte del festival, y tal vez para amenizarlo, los micros permanecían abiertos.
No sólo cuando se cantaron los “síes”, “noes” y “abstención” (a eso vamos luego), sino ya desde que se votaba en esa forma retrechera, cachondona, frescurrienta y tacatá que nos caracteriza. Y se oyeron cosas preciosas, desde “esto va pa largo”, “ahora una copita, ¿no?”, “ay, mujer, no me digas esas cosas (?)” –voz masculina y risita- hasta “¿Qué pasa, que no vota Montoro?”, “Se habrá despistao”, “El ministro de Hacienda, siempre a su bola”... Todo esto es literal, y supongo que está en archivos. No he querido oír mucho más. Hacía tiempo que algo no me daba tanta vergüenza. Indignación, sí. Cabreo, impotencia... pero tanta vergüenza no. A lo mejor por eso he puesto este mensaje, cosa que no hacía desde el año pasado. Para ver si se me iba un poco.

Luego la lectura de las papeletas (han sustituido al “lector” cuando quedaban cincuenta o setenta, se conoce que leer en voz alta trescientas cuarenta papeletas debe ser tan agotador que no puede hacerlo una sola persona en un mismo día, sobre todo si contiene textos tan farragosos como “sí” o “no”). Alguien ha dicho “oye, que los micros están abiertos”, y tampoco es que haya importado mucho. Expresiones de “esto no se acaba nunca” y demás mientras alguna que otra papeleta se caía al suelo y era recogida torpemente, se tenían en la mano dos o tres al tiempo... No sé... Y mientras, tomas de los señores y señoras diputados y diputadas fuera de sus escaños, en grupitos como en el local de moda, en corrillos rientes y festivos...

No esperaba un funeral, aunque no hubiera estado de más si la consecución de esta ley va a traer a muchas mujeres el fin de su libertad, sus esperanzas y su propia vida (la vida no es sólo sobrevivir, pero incluso, poniéndonos en lo peor, es posible que muchas caigan como moscas pobres en abortos clandestinos y hasta caseros, en partos de embarazos desgraciados, y es seguro que algunos de sus hijos e hijas no tendrán una vida digna, ni sana, y mucho menos atendida, en un país donde los que obligan a cerrar el coño y mantener el feto dentro no van a dar un duro por su salud aunque venga en unas condiciones desastrosas y anunciadas).
Y sin quitar ningún tristísimo protagonismo a la mujer, pienso de paso en los que las rodean, mujeres y hombres, que cargarán con parte de su carga como padres, abuelos o amigos.
La eterna rueda generadora de progresión geométrica de la desgracia. 

Y ya de paso, teniendo en cuenta otra característica de nuestros partidos que es la férrea disciplina de voto, ¿no podríamos ahorrar un poco?
Hubiera proporcionalidad o no, que hoy no vamos a eso aunque vayamos siempre, en los escaños del Congreso según las votaciones, ¿para qué tantos diputados? ¿Qué es esto, el ataque de los clones?
Propongo que según los resultados de las elecciones haya un único diputado por partido, que ejerza de portavoz si es que hay que portar la voz de algo y que toque al botón de votar, y ese voto se cuente por el número de escaños virtuales conseguidos. Ciento ochenta, doscientos, ocho, lo que sea, pero votados por un solo señor.
Ahorro de dietas, de sueldos, resultado similar... y ahorro de vergüenza.
Y menos hipócrita, ¿no?