martes, 25 de septiembre de 2012

muertitos y corbatas


Corbatita roja. Corbatita azul. Modelito facha. Modelito tú.
Nuevo modelo de la noche en 24 horas. Sobran los que estaban antes. Entiendo que hay que comer, pero no sé qué hacéis ahí, ¿tan cara está la comida? Sí, me temo que sí.
La televisión, órgano ya muerto a cachos, ha muerto del todo. Morirá más. Todos sabemos que los muertos pueden morir más aún. Walking Deads, George.A.Romero... ¿Hasta cuándo moriremos nosotros?
Los catalanes quieren ser un miembro vivo dentro de lo que ellos consideran el cuerpo muerto del Estado Nacional. Allá ellos. Morirán y se pudrirán solos fuera del cadáver estatal. No han de estar más vivos por ello. Ya se les va cayendo la jeta mientras hablan. Mientras no vuelvan a optar por el parasitismo que consiste en morir más despacio chupando a otros muertos, se puede soportar. España en este caso, que no da para más chupeteos. Catalunya está viva desde antes de vivir, pero no se ha dado cuenta. Allá ellos con sus miembros colgantes y colgones. Si uno se siente muerto, es que está muerto, así que a lo mejor tienen razón. Pero el modo de vivir no siempre es alejarse de la tumba. Y menos si no sabes dónde está la tumba. Y cuánto la tumba o el entierro cuesta unos dineros, que es el baremo catalán por excelencia, se cuestiona la herencia familiar. Los tópicos a veces son verdades. Da vergüenza, lástima, grima, pero para nuestra desdicha viene a ser la verdad.
Una muerta, llamada Esperancita Aguirre, felizmente se entierra. A ver si no se nos vuelve a aparecer en noche de ánimas a la altura de la cruz, que es por donde aparecen los magnates del Opus como es ella. Amenaza aparecer. Siempre, hasta que desaparezca, ha de ser una amenaza. Los lobos podridos de ácaros de dineros nunca mueren. Los que nacieron cadáveres del cadáver franquista nunca mueren. Ni aun muriendo. Miedo da.
Otro cadáver asoma la cabeza. Otro, más respetable pero no por ello menos muerto. Se llama Julio Anguita y crea una especie de sociedad o asociación que podría convertirse en partido según vayan las cosas. No está muerto por ser de izquierdas, ni siquiera por ser viejo, sino por haberla traicionado. Se muestra como un héroe incomprendido, y lo malo es que muchos le comprendieron y comprendimos perfectamente por dónde iba, con su pinza inclusive: un resentido triste por no haber sido recibido más a menudo por aquel zorro jodío que se llamó Felipe, cuando éste era presidente, en la Moncloa, un traidor que cumplió aquel principio de Peter que dice que todo ser valioso tiende, en una sociedad jerarquizada, a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia. Referente como alcalde cordobés, fallido parlamentario pedagogo, desastroso coordinador de Izquierda Unida.
En todo apocalipsis surgen de sus tumbas los cadáveres. Ya no son exquisitos los cadáveres. Nunca lo fueron, sólo en un tiempo creímos que lo eran. Son cadáveres. Tal vez nosotros no lo seamos menos. Espero que demos algo más de lata e inspiremos nuevas series. Nosotros, pobres muertos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

una digresión impositiva


Recuerdo que cuando era pequeño (mejor sería decir niño y ser cada uno consciente, cada cual en su medida, de la pequeñez que no se va con los años, y no me limito a la estatura), bueno, pues eso, que cuando iba al cine de enano, cosa que se hacía en tiempos remotos y además en programa doble y baratito y se podía uno quedar las horas que quisiera, que para eso la función se anunciaba como continua y la única pega, que no lo era, consistía en que no te asignaban una butaca fija y te buscabas la vida, que casi era mejor porque así no tenías que aguantar al pesado de turno, ni al que cuenta chistes a la novia, ni al que se tira eructos, ni al que no para de moverse ni tan sólo a ese que, culpa o ventaja, es altísimo y no deja ver al de detrás... Bueno, pues en esas remotas épocas... (¡¿acabarás?!) ...en esas eras geológicas, y alguno más bisoño/a lo recordará si le da por ver películas tan antiguas por televisión que en lugar de en technicolor parecen coloreadas... había un género supuestamente histórico-medieval, que se desarrollaba, por mor de Walter Scott y sus perpetuos editores, en torno al reinado de Corazón de León (nombre que a los inocentes niños de aquellas remotas décadas nos llenaba de una expectación admirativa, ya que, con ese nombre, ¿cómo no sería el sujeto?), ese rey que nunca estaba porque le daba por salvar Jerusalén de no se sabía quién por entonces (alguno hasta decía que estaba buscando el grial, pero es que los infantes de entonces teníamos profusión de historias épicas y nos daba por mezclar, de resultas que es como si en este ya no tan nuevo siglo alguien metiera a los Lannister en El Señor de los anillos o pensara que Matilde Asensi tiene un gramo de lógica).
Bueno, pues en ese género de sajones y normandos que luego en televisión continuaban en mi blanco y negro (supongo que en USA no) Roger Moore haciendo de Ivanhoe con una cancioncilla vergonzante de entrada que repetía incesante “Ivanhoe, Ivanhoe, nuestro lema es cooperar con Ivanhoe”, y otra serie mucho más digna, italiana para más señas, de La flecha negra, y que es que Stevenson es siempre Stevenson y no Scott, y en la que hasta salen las primeras maldades del futuro Ricardo III... Bueno, vale, pues que en todas esas sagas donde el referente era por encima de todos Robin Hood, siempre había simpáticos campesinos y ganaderos, y pequeños artesanos, gentuza, vamos, descontenta con los impuestos. Pero que muy descontenta.
Por eso me he acordado hoy, primer día de septiembre, anuncio del próximo otoño, finiquito oficial de las vacaciones del público en general, en que tan simpáticas medidas gubernamentales se han puesto en vigor. Y me he acordado de paso de cómo los niños abucheábamos en los cines al sheriff de Nottingham, que llevaba bigotín ridículo y perilla como uno que hay ahora por aquí y servía a un rey que nadie había elegido y al que llamaban sin tierra porque había jurado obediencia a un dictador que ya no estaba, y que no mataba elefantes porque no había pero era igual de grosero con los sirvientes a su cargo si no le dejaban la carroza a resguardo de la plebe. ¡Y yo que había llegado a pensar que era ficción barata!
Y en las rebeliones de todas esas películas, esas que siempre acababan bien, con el malo depuesto y el castillo incendiado, que es algo mucho más grave que el que los campesinos se lleven unos cuantos carritos de Mercadona o similares, la causa rebelde era siempre machacona a lo largo de cada peli y también de peli en peli: “¡Han vuelto a subir los impuestos!”, “¡Los impuestos nos ahogan!”. Mira tú por dónde.
Los campesinos eran ignorantes, como siempre lo son en las pelis, pero noblotes como no siempre pero casi, y como no tenían calendario porque eran la mar de medievales no sabían si se rebelaban en quince de mayo o en qué fecha, pero tampoco les dejaban acampar en los muros de la ciudadela y les echaban aceite hirviendo.
Siempre esperaban un Robin Hood o un Ivanhoe. Pero con el tiempo vimos que Robin Hood era el nombre falso de un aristócrata sajón cabreado porque le habían quitado el puesto y se servía de la gente para que se lo devolvieran y poder volver a llamarse con ese cursi nombre de Loxsley de nuevo. Ya ves. Un señorito, una especie de nacionalista sajón antinormando, algo así como un carlista aprovechado..., pero qué sabíamos nosotros, y eso de que le secundara un fraile alcoholizado, una pija de la nobleza y una especie de segurata sin sesera que se llamaba Juanito y era enorme aunque para reírse le llamaran Little, nos parecía hasta gracioso. Luego venía de sus vacaciones el rey que no había dado golpe, el tal Ricardo, le daba un par de golpecitos en el brazo y le contaba un par de chistes, presumía de haberle dicho en estado de embriaguez a Saladino “por qué no te callas” o algo así y se quedaba con el país, aunque ya veis que a veces me hago un lío entre sus defectos y virtudes y los del otro que no tenía tierras porque todo eran autonomías.
Por cierto, como venía de Jerusalén, le caían mal los moros y demás, y entonces el sheriff de Nottingham decretó que los físicos, médicos, galenos, curanderos medievales, como los quieras llamar, estaban para atender cristianos y que a los otros les dieran por el culo o si no no haber venido desde tan lejos. Aunque hubieran luchado con él, que eso de que el color no importa sólo es para comprar en Bennetton.
Y aquí estamos, en la risa de septiembre, y eso que sólo estamos a uno, esperando el redondeo, que es otra práctica medieval que hace que los precios ajustados a la subida de impuestos no nos molesten con tontas calderillas, por lo que con cobrar un poco de más... ¡si total! Qué más da, para lo que nos queda.
A ver si con el ejemplo de las olimpiadas nos vamos comprando un arco sin tener que esperar a un Robin Hood, o una buena lanza sin estar al tanto del repeinado ese de Ivanhoe que se hacía pasar por trovador hasta que le subieron las romanzas hasta el 21%. Lo del arco y la lanza lo digo para jugar y olvidarse de los Impuestos, no para otra cosa... qué va, qué tontería... si todo el mundo está de acuerdo en que ya no quedan castillos que asaltar.
¿No? 

sábado, 21 de julio de 2012

señoras/es/señorías: con todos ustedes, los ciudadanos


Era jueves 19 de Julio. Mogollón.
Una columna más densa que la del calor de Madrid entre el suelo y las cabezas, esa que iba desde la puerta de Alcalá hasta Sol y más allá, desparramándose por las adyacentes hasta la Red de San Luis, Ópera, Santa Ana... y a donde mirabas veías que venía otra, ora los bomberos, ora los del Ayuntamiento detrás de ellos con los policías municipales con cara de alegría y asombro de estar haciendo lo que hacían y asombrar a los que les mirábamos... Ora gente, y gente, y más gente que es lo que vale y lo que merece la pena. Gente de todas las edades, ya ni siquiera con mayoría juvenil, gente que pese a estar ya en segunda quincena de julio y no ser fechas de esto, decidió que no se quería quedar en su casa, aun a riesgo de derretirse o caer redondos, que si su presencia era un desprecio para el poder, al menos quería ser motivo de desprecio continuo hasta convertirse en pesadilla. O al menos, (ya que no hay que dejarse embriagar por un optimismo que sólo puede contemplarse como una labor de curro de fondo), en sueño desagradable.
Ese sueño que el poder quiere olvidar cuando despierta por medio del recurso de minimizar, como hacemos todos con las reveladoras visiones de las horas chungas de la noche. Así se acaba dividiendo entre diez o entre quince el número de los que no queremos que ellos duerman bien y nos acabamos convirtiendo en cuarenta mil, uno por cada ladrón que les viene a abrir el sésamo de las molestias.
Están esperanzados con que con eso de difundir poco nuestra ira acabaremos cansándonos. Hacen matemáticas imposibles para que no seamos noticia. Muchos medios de comunicación, algunos de un modo vergonzante, les siguen el rollo. De muchos era de esperar, de otros dan ganas a más de una cara de caerse de vergüenza (¿que si me estoy refiriendo a El País?, ¡pero qué mal pensado es usted!). Pero cada vez que parece que nos estamos cansando y el número disminuye un poco, viene otra racha sin saberse bien cuándo va a cuajar y otra vez “a llenar las calles, que no pase nadie que lleve pistola”, como decía una canción de esas que nos aprendíamos en épocas dictatoriales para fastidiar (qué poco se nota a veces el paso del tiempo... bueno, de las épocas, que a los individuos se nos van haciendo marcas indelebles y sin mucho arreglo posible... pero eso son cosas normales de la vida y no esas otras anormales de esos cabritos anormales que se empeñan en jodernos y ya ni les importa que se les note la intención).
Ahora dice La Razón (que es algo así como un diario, no un sinónimo del sentido común pese a su nombre) que los manifestantes subimos la prima de riesgo. Mañana van a acusarnos de quedarnos con el dinero de Bankia o de hacer que en la familia real nadie aguante a nadie. Cualquier tragedia. Pero despropósitos aparte, se agradece que ladren: será que cabalgamos. Con una pimporrá de calor, pero cabalgamos, porque menos mal que no éramos casi nadie. Eso de ir todos pegaditos caminando con un paso similar al pingüino emperador durante tres horas sin volver por donde vinimos, debe ser solamente una alucinación canicular.

Y así, otra vez, los ciudadanos/as me alegraron el día. Ya sé que ese no era su motivo para juntarse, pero se agradece igual. Y más después del berrinche que me había llevado en la Plaza del Rey viendo el bochornoso espectáculo de los pocos gatos (por la cantidad, no por la calidad, estupendos pero mucho más escasos de lo que la gravedad del caso de la cultura en particular y la fama de combativos de los gremios, fama que debe ser ya historia y hará que acabemos muriendo entre bostezos si seguimos haciendo el primo, prometía).

¡Pero qué alegría para la gente honrada el ir tantos y tan juntos... y tan justos!  

jueves, 19 de julio de 2012

la cultura no es de derechas, os jodéis


La concentración que hagamos mañana, ya hoy, no será para decirles que se están cargando la cultura. Decirles eso sería darles una alegría. No es que no sean consciente de lo que hacen, lo malo es que son conscientes y han decidido actuar contra nosotros.
Porque, con el paso de los años, han acabado por constatar que la cultura nunca será de derechas. Yo ya lo sabía. Espero que muchos lo supiéramos. Y que tampoco, ¡por dios!, es neutral.
Ellos se mienten diciendo que tienen su propia cultura. Repasad los nombres. ¿eso es cultura? Cuidado, que me da la risa y puede que uno no esté para esos trotes. Uno de los pocos suyos, destrozo, se murio hace poco. Uno menos. Ese es mi epitafio.
La concentración valdrá para, una vez más, como en el famoso NO a la guerra, decirles que sabemos que son el enemigo, y que nosotros seguimos siéndolo.  
Enarbolarán esa insignia de que algunos trabajamos para lo que ellos llaman “ellos”, prostituyendo la realidad más sagrada. ¿Un médico se va del Ramón y Cajal o La Paz cuando suben al poder del ministerio de sanidad aunque no los hayan votado? Está bien ya que se crean dueños de ministerios, instituciones, ayuntamientos o concejalías. Eso no les pertenece. Trabajar en un proyecto público no es trabajar para ellos, es trabajar aunque estén ellos, porque nos negamos a matar la poca cultura que nos pueda quedar. Pese a ellos, no con ellos. Porque ellos, ni directamente ni por medio de las subvenciones que tanto nos niegan, nos mantienen, ya que ese dinero no salió jamás de sus bolsillos, sino del contribuyente. Ellos no pagan, ellos no poseen. Ellos administran. Nada más que eso. A ver si son y somos conscientes. Y si ellos no, que no lo son por su afán napoleónico y su talante dictatorial, que no dejemos de serlo nosotros.
Allí estaremos para decirles que no nos agrada nuestra muerte.
Y, si cuadra, para advertirles que no será gratis matarnos.
Y que sabemos que si hay tanta saña contra un sector como el nuestro, debe ser por algo. Nunca habéis podido ganarnos para una causa vuestra, y unida a la cultura, no tiene valor. Nunca seremos de los vuestros, y eso os jode.
Intentáis acabar con nosotros.
No será fácil, fachitas con cultura provisional y falsa que no queréis saber que sois incultos. Estamos por aquí. ¡Hola! No os lo pondremos fácil.
¡Pedazos de acémilas!

sábado, 14 de julio de 2012

qué hostias de romanticismo


Llegaron los mineros a Madrid. No pude estar para verlos.
Una señora puta ya demasiado habitual en su chulería se rió de su número, y del número de aquellos que quisieron arroparles y arriesgarse a ser carne para la ceguera sanguinolenta del antidisturbios de turno con bala de goma, gente a la que ella consideraba de muy bajo pelaje y categoría, según sus baremos que son proporcionalmente opuestos no ya a los míos sino a los de la gente honrada.
Asco.
Porque hay cosas en que eso del todos somos lo mismo sólo provoca náuseas ante la mentira de la posibilidad de ser lejanamente como ellos/as (ambos sexos: hay mujeres que se han ganado el derecho a ser tan hijas de puta como los más hijos de puta de los hombres, linda igualdad).
Vinieron, vino su marcha, y yo no estaba. Algunos medios lo han vendido como trasnoche rojo, otros como romanticismo. El gran espectáculo del héroe ancestral cuyo grial no tiene futuro. Santa Bárbara bendita como fin de fiesta. Ocultando, claro, que no piden esa copa de grial, sino que se cumplan las medidas que acordaron, y reciban los magros fondos europeos que se destinaron a reconvertir el trabajo y el sector, uno en que nadie, por orgulloso que sea, se presta a morir silicótico y ennegrecido en un entorno anónimo, y en vez de las prestaciones el estado se hayan partido de risa contigo dejándote en la cuneta sin ofrecerte una opción, una continuidad, una línea de futuro... sólo tirarte a un espacio, un pozo, sin realidad ni dinero.
Pero mola tildarlos de héroes, porque en esta época sin héroes, tan sólo con antihéroes o risibles individuos que se las dan de héroes, hay que recordar qué es lo que importa.
Viene, para más escarnio, frente a ellos, a esos que a la doña le parecen muy pocos, el circo de las hembras, para más vergüenza de los que las estimamos por más capaces. Son sotas que vienen a decir lo mismo que el palo de su baraja, y así creen haberse ganado un puesto antes del caballo y no lejos del rey. Pobres siervas de mirada torva que muestran la seña del palo con la mano en alto y el brazo a punto de apuntar al horizonte de la patria inmortal. Eso que denota el amor al saludo fascista.
Unas pronuncian la sentencia que se jodan, pero esto que ha llamado tanto la atención cierra un círculo insólito: el de los aplausos, de ambos sexos claro está, ante el anuncio de  medidas que debieran anunciar entre lágrimas (o mejor, negarse a anunciar), en lugar de entre tanto regocijo, esas, qué coño, ¡que nadie con mediana honradez se hubiera prestado a dar! Y van, y lo celebran por todo lo alto y expresan su satisfacción y regocijo. 
Que os follen con dolor por eso de no tenemos otro remedio y nos lo mandan. Os pagamos para ser dirigentes, no siervos. Y si aprovecháis el momento para disimular que os ordenan lo que en el fondo siempre quisisteis hacer, eso que al mencionar aplaudís sin pudor (¡¡¿cómo se puede, qué alma humana, de cualquier tendencia, tras ver esto, volverá a votarles?!!!... y lo hará, por millares y millones... ¡¡¡qué cosa más triste!!!). Lo que podemos esperar de vosotros solamente es terror.
No se trata de sacar del ropero los aperos jacobinos. Aunque nuestra imaginación nos está empezando a arrastrar a pensar lo que nuestro espíritu (que intenta tranquilizar a la decencia diciendo: es sólo imaginación) os haría.... (Juanma, gran inquisidor... ¿andas por ahí?)... os haría algo de lo que cualquiera se podría arrepentir... y por eso, en realidad, pese al verbo encendido, en realidad nosotros no lo haríamos.
¡Tontos!
Ellos lo harían, lo hacen, sin resquemor. Ellos. Ellas. Van a acabar con lo que podría ser en los años que nos quedan, en el mejor de los casos. Y van a enfrentarse con una sonrisa y una chascarrillo retrechero a cualquier problema que nos surja, y en lugar de echar una mano, solamente una mano, porque más nunca han dado, te la van a soltar diciendo que se jodan.
Y ahí estarás tú, en el acantilado, con la cartilla del paro reducida a hambre puro, y tal vez entonces te convenzas y me convenza yo.
Por cierto, qué cansado escribir tanta tontería inútil, ¿no?

martes, 3 de julio de 2012

campeones y complejos


¡Otra vez Campeones de Europa!
Sí, claro que me refiero al fútbol. Pero no estoy ironizando. Creo que la maestría nunca debería ser despreciada, y jugar así no es fácil ni ganar así se debe a la suerte, o al menos sólo en un porcentaje muy pequeño (algún penalti que otro... pero también están los que no se pitaron y hubieran favorecido).
Digo esto porque ya cualquier alegría que se produzca dentro de una crisis parece polémica, insolidaria o culpable. Yo, por mi parte, no me arrepiento de haber visto el partido con compañeros, disfrutarlo y celebrarlo. No en la macroconcentración, que a mí esas exageraciones no me ponen,  más bien me recuerdan a eventos similares a la visita papal, pero si bien la histeria victoriosa me parece un poco tonta, el refunfuñe en contra me parece sencillamente mezquino.

Los que identifiquen la victoria del equipo español con una victoria de Rajoy y los suyos, sólo están haciéndole un favor, dándole la razón en un tanto que se quieren apuntar como propio sin serlo. Bastante ridículo hace (y no sólo ridículo sino irresponsabilidad) yéndose a Ucrania en lugar de a Valencia. La copa no es de la monarquía, ni del PP, del mismo modo que la de hace cuatro años y la del Mundial de hace dos (¡menudo equipo, y lo digo de nuevo!) no fueron copas del PSOE, lo procuraran ellos o no.

¿Pan y circo? Los que estén sufriendo la crisis impuesta de un modo más grave (porque de un modo u otro la sufrimos todos, nos demos cuenta o todavía no) no creo que hayan olvidado su situación por unas horas de alegría. ¿Hay que desterrar la alegría para ganar en “conciencia y cabreo”? ¿Y no sólo las alegrías deportivas sino también las de índole personal? ¿Incluso si no perjudican a nadie, incluso si no hacen daño más que a quien haya encontrado calles cortadas a causa de la celebración?
Yo no pienso darles la razón. Ni a Rajoy que pedía la victoria al equipo para animar al deprimido personal, ni a los que consideran que una alegría que une a muchos, que permite una hermandad aunque sea provisional incluso entre contrarios, es un descorche burgués y alienante.

Pero hay algo que me parece más importante y trasciende a lo anterior. Se suele caer en un error que se repite a troche y moche estos futboleros días y consiste en reafirmar a España como el denostado país de pandereta que ha cambiado el cerebro por un balón.
Demasiada gente y desdichadamente de tendencias ideológicas opuestas, se une al carro que una parte de Europa quiere volver a endosarnos y va y se cala la boina, para denostarla o alabarla, como identidad catetil nacional. Como orgullo o como karma.

A mi me alegra que gane la selección de fútbol, como me alegra una victoria de Copa Davis, o de uno de nuestros tenistas, no me disgustan las de Alonso por facha que sea... pero no podemos borrar con esto al resto.
Aparte de los múltiples olvidados del deporte español que carece de spónsores y no para de ganar trofeos o llegar muy lejos en ellos, me refiero a las demás áreas.

Como no se dan copas en directo, no nos acordamos que nuestros médicos, profesores, ingenieros y hasta bomberos destacan muy por encima de los de nuestros vecinos. Que no queremos ver, con ese Puto Complejo que nos va a acabar hundiendo del todo, la enorme parte de orgullo que hemos de tener en tantas áreas, que si se nos está quedando el país sin profesionales jóvenes es porque los solicitan de otros países que presumen más y que venden mejor sin valer más.
Es vergonzoso que se silencie el reconocimiento exterior, como que cada vez que los artistas españoles atraviesan las fronteras logren éxitos de los que sólo se habla donde han recalado sin que la prensa española abra la boca y que quede como prurito personal de quien ha vivido la experiencia.

Ser campeón no es sólo ser grande, sino ser el mejor, quedar primero. No sé si en todas las áreas lo seremos, ni lo creo ni me gustan los hit-parades, pero a ver si nos vamos dando cuenta de que podemos competir en cualquier campeonato.    
Y no me duele, ni el fútbol ni fuera de él, pese a despreciar las tontunas nacionalistas, decir que yo soy español, español, español.